Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de agosto de 2010

Atlanta City

El tipo que limpia zapatos estaba durmiendo. En realidad había mucha gente durmiendo, en el piso, acurrucados, haciendo fila, aplastados, con la cara tapada. Pero este tipo duerme mientras espera un cliente. Me quedé un rato esperando a ver qué pasaba cuando aparecía alguien que quería que le pidiera shinning shoes, y el tipo nomás se levanta medio mareado y empieza a sacarle brillo al elemento.

domingo, 10 de febrero de 2008

road trip

Qué increible que a veces solo haya palabras para contar cosas, y las palabras no hagan más que alejarnos de eso que quiero contar. Ahora entiendo las películas mudas.

sábado, 29 de diciembre de 2007

El coronel

Se retuerce entre sus tripas desgarradas por gusanos mientras un sujeto de nacionalidad estadounidense paga 17u$s por una remera estampada con su cara.

viernes, 3 de agosto de 2007

División de aguas

Con Mae y la tía siempre lo decimos: el mundo se divide entre los que piden gustos frutales de helado y los que no. Los gustos frutales claramente cortan lo empalagoso de las cremas y el chocolate y son más que necesarios. Cuando yo era chiquita, mi papá paraba el auto en doble fila en una heladería de la calle Diaz Velez y me pedía chocolate dulce de leche y frambuesa. ¿Se dan cuenta? Es la mejor combinación jamás habida.
El mundo también se divide entre los que, correctamente, decidimos disfrutar de unas vacaciones relajadas y sin presiones ni guías, y los que no levantan la mirada del mapa, como es en este caso ilustrada la tía, con una reproducción topológica de una ciudad de los estados de norte américa. Véase aquí, la señorita apodada "La mujer mapa".

Moraleja
La Fobia específica a algunos mamíferos marinos y secuaces aledaños, además de confirmar cuadros patológicos no diagnosticados, permite entre otras cosas, evitar intoxicaciones verbales.

jueves, 2 de agosto de 2007

En el Shelter holandés

Ella se acerca, mira los fideos, con hambre, deseo, gula... mentira, si ya comió.
Él dice: - Ah? Te gustan estos fideitos?
Ella asiente.
Él:- Entonces rezate un salmo, arrodillate y bendecí la comida.
Ella:- Pero si yo no soy religiosa! Pasé por aca...
Él: - Ah nono, si no hay salmo no hay comida.

En el consultorio:
Él:- No sé por qué dije eso doctor...
Psicólogo:- No tendrá algo que ver con sus vivencias de boyscout?

Moraleja
Pablo tiene razón, las mejores anécdotas hay que contarlas.

sábado, 7 de julio de 2007

En manos de Dios

En un tacho que había al entrar a Villasón tiramos el cuaderno de consejos y precauciones paternas dadas antes de partir. Me pesa mucho la mochila.
Después de remontar el cuasi desfallecimiento de La tía, de pescar a Darío por la calle principal, nos arrimamos a un pedazo de asiento de micro que nos llevaría a Tupiza. En los asientos traseros nos apelmazabamos los turistas jóvenes, entre gallinas, niños, bebés, criaturas, mocos, tierra, enguentos y bolsas. En seguida Santi se acercó a hacer sociales, mientras que su secuaz Bruno quedó atrás con su ipod desentiresado en el contacto social. Otras dos jóvenes, apodadas Stacy and Kelly por sus inesperados nombres venían adosadas a la pareja masculina. Al llegar a tupiza Luz, una especie de Cafisha del transporte Boliviano, se nos avalanzó y luego de tires y aflojes, nos convenció de contratar sus servicios. Turbios, por cierto: Saldríamos rumbo a Uyuni a las 4.30 de la mañana en un Jeep última generación. Después de discutir con Kelly y Stacy que se empeñaban en justificar lo racional que era viajar en ese momento y a esa hora (de noche, lloviendo, barro, montaña) cerramos el pacto con Luz. Más temprano que al alba, partimos en un jeep destartalado. La Tía, muerta de miedo, creyó adecuado colocarse los anteojos e ignorar la escena que comenzaba a transcurrir. Sin embargo, junto a Bruno, les fue inevitable captar un último detalle antes de cerrar los ojos: el chofer se persignó, una, dos, tres veces antes de arrancar.
Después de amenecer entre el fango y los caminos borroneados entre charcos rojos, vimos la luz, un caballo enterrado en el lodo y un pueblito fantasma literlamente, en el medio de la nada.

jueves, 5 de julio de 2007

Mostaza Kris
















Todavía me acuerdo del nene que estaba sentado atrás tuyo. A mi derecha estaban los dos carritos que hervían el aceite y donde las chicas del bar freían el pollo.
Te sentías mal. No, perdón, no te sentías mal. Te estabas muriendo. Yo mientras aprovechaba para practicar palabras en alemán como shaise y rock. Te seguías sintiendo mal, y empeoraste cuando llegó el plato con arroz y ave engrasada.
Voy al baño, dijiste. Yo me quedé mirando al nene con gorrito que me hacía ojitos.
Cuando volviste tenías una cara pálida y susurraste: fui al baño y terminé vomitando del olor.

miércoles, 4 de julio de 2007

La bata boliviana

Estábamos en una especie de hotel, en un pueblito en medio de la llanura seca del sur de Bolivia. Este pueblito estaba compuesto por no más de 20 casas, y en la calle principal se elevaban unos extraños árboles de cemento. A decir verdad el hecho de explorar el pueblete a la 1 de la mañana no sé porqué me recordaba a mi padre y a la lista de advertencias que había recibido días antes de viajar.

La cosa es que estando en esa especie de hotel, a Darío se le ocurrió utilizar una Bata amarilla que encontró llamativamente disponible junto a la ducha.

Está de más aclarar que cuando llegó a la especie de habitación que teníamos, con sus extrañas camas correspondientes, todos explotamos en una gran carcajada cuando él, confundido, dijo:

¿Qué me miras así? ¿No es tuya?

Seguimos viaje y la imagen de Darío frotándose con la bata ajena nos proveía grandes momentos.

Lamentablemente, uno cuando se siente cómodo en una ciudad desconocida, tiene la fantasía de que nada puede pasar, y polula ingenuamente por los distintos distritos comerciales. Junto a la Tía, recorríamos una atractiva callecita llena de puestuchos, cuando descubrimos un manequee con bata, el cual nos remitía a la ya comentada anécdota. Qué divertido entonces, sacarle una foto a la tía posando con aquel ropaje. Ingenuas. Detrás, casi a una cuadra, en la esquina, un malechor maleante con su campera de cuero negra que aún recuerdo, aguardaba para atacarnos y arrebatarme mi más preciado elemento tecnológico.
Tía. Tu me protegiste. Tú fuiste quien empujó a una de las cómplices del pirata al grito de EH QUÉ HACÉ cuando al hacerme creer que una paloma me había cagado, intentaba abrir mi mochila.