
Dormir la siesta no está mal.
Pensé por un momento que estaba bueno tener una bola de cristal y saber cómo van a sucederse las cosas. También pensé que la ansiedad que aceleraba el ritmo del pensamiento y me colocaba apta para recibir un diagnóstico de Episodio de Manía, tenía que acabarse y por eso necesitaba que todo pasara rápido.
Esto no es una canción de Arjona. No, no me enamoré del taxista. Sólo lo vi unos pocos minutos, pero llegué a leer su nombre, y por un momento pensé que toda su vida había sido buena, que todos sus allegados lo habían querido y que cada persona que se subía a su taxi bajaba bendecido. Que fue a Pepe, el hijo de Roque, el mejor amigo de Ricardo Virgilio, a quien salvó una vez de morir ahogado en la Laguna de Chascomús, mientras un gomón atrapaba su piecesito y una botella de vidrio rota le cortaba las manos. Sí, es verdad. Salvo por el nombre, lo inventé todo. Puede que esté buscando señales para saber que todo va a salir bien y que soy bendecida por taxistas que se apellidan Amigo y que eso significa algo bueno.
