Ella llega tarde. Siempre llega tarde y eso me molesta. En la mesa están hablando de algo que no me interesa, el gobierno de Venezuela y no sé cuantas cosas más. Atrás mio, hay un cuadro de Evita. Mi mamá no entiende cuando le hago un chiste sobre su diseño. Qué malhumor.
Y ahí llega, radiante. Me corté el pelo, se nota? -dice -y la quiero estrangular. Se sienta al lado mío y se toma mi cocacola. Se integra a la conversación adulta que nuevamente no me interesa y yo me quedo en silencio.
Unos segundos después, se toca el pelo. Una y otra vez. Sus cabellos caen sobre mi plato y siento que voy a explotar. Respiro hondo, le pido que no lo haga, me mira desafiante y ríe.
Las risas se fueron apagando, caminamos unas cuadras y cuando subimos al departamento ya nos habíamos amigado.
Moraleja: avisarle a todo aquél que se pasee por tu casa, que el rompecabezas se guarda en la caja una vez que se lo termina de armar, de lo contrario puede pasarte como a mi, que llegué a casa y me habían "ordenado el cuarto".
martes, 31 de julio de 2007
Buraco
Todo comienza como si nada. Un partidito para pasar el tiempo, mientras se hace la comida, para no aburrirse. El segundo, es porque alguna de las parejas que juega , se quedó molesta por haber perdido. Terminada la mano, alguno de los jugadores intenta levantarse de la mesa para hacer otra cosa, los demás lo reprimen. Todos siguen jugando, tratando de no pensar en el tiempo (perdido?). Por Dios que ésa sea LA carta, dice una de nosotras. Y el té ya comenzó a servirse. Las tasas se ensucian y cuando una (nunca yo) se levanta para lavarlas, las demás le gritamos para que vuelva y tire.
Y así, un findesemana lleno de situaciones teñidas de cartas de pocker, canastas, piernas, humo e idas a los muertos. Un partido que de todas maneras quedó inconcluso, pues nunca llegamos a los 5000 puntos a los que nos compretimos.
Moraleja
No dejar la basura afuera, tirada. Los gatos son animales muy queribles, pero pueden vengarse por tu ignorancia y desmenuzar tus bolsas. Y vos y no se cuántos más, barriendo las cáscaras de mandarinas y los saquitos de té que quedaron desparramados entre las servilletas.
Y así, un findesemana lleno de situaciones teñidas de cartas de pocker, canastas, piernas, humo e idas a los muertos. Un partido que de todas maneras quedó inconcluso, pues nunca llegamos a los 5000 puntos a los que nos compretimos.
Moraleja
No dejar la basura afuera, tirada. Los gatos son animales muy queribles, pero pueden vengarse por tu ignorancia y desmenuzar tus bolsas. Y vos y no se cuántos más, barriendo las cáscaras de mandarinas y los saquitos de té que quedaron desparramados entre las servilletas.
Subte
Uno de esos sueños donde estoy adentro mío y no como en otros, que veo todo desde afuera. Estábamos en el subte. Hacía mucho calor y estaba lleno de policías o personas sin quizás esa denominación y uniforme, sino sólamente con el mismo cargo. Cuestión que el calor me abomba y no entiendo muy bien lo que veo. La gente corre y me empuja. Me quedo cada vez más atrás. Hay una chica de tez oscura, con pelo castaño que me mira y no entiendo qué me quiere decir. Una fuga de gas señorita, hay que evacuar, me dice alguien. Ahí todo se nubla y no sé más.
Moraleja
No meter la leche ser en el microondas, pues pueden pasar cosas muy raras.
Moraleja
No meter la leche ser en el microondas, pues pueden pasar cosas muy raras.
Un gendarme
Estaba con otra persona en algún lugar húmedo, con caminos de tierra. De golpe, de nuestras carteras, sacaron dos grandes ladrillos de marihuana y todo se vino abajo. Nos llevaron a una especie de patio con una mesa. Allí apareció un cana, un sub oficial bastante joven, morocho, pero no estaba vestido de policía sino de gendarme, estaba de marrón caqui.
El gendarme iba y venía y mientras hacía trámites burocráticos de su profesión, me dijo: Esto, mínimo, dos años. ¿Pero qué pasó? Yo le dije la verdad, que lo había comprado para mi novio y que era un regalo. Ahora que lo repito, veo lo poco creíble de mi verdad.
En algún momento que no puedo precisar con exactitud, el gendarme morocho decide abrazarme. Nos abrazamos fuerte. Yo lloraba desde hace rato. Pronto sentí su abultado sector genital presionanándome, pero no dije nada. Seguí abrazándolo, y caminamos así, abrazados, hasta un cuarto en una especie de conventillo con esas puertas de tiritas plásticas de verdulería. Ahí me dejó, como si me estuviera ayudando, escondiéndome.
Después empezó a llover torrencialmente, y encontré una terraza desde donde podía meterme en un petit hotel. Me detengo a leer el cartel de la puerta antes de violar la porpiedad privada. Decía: cuidado gato muerde. Pensé: ¿cuán terrible puede ser un gato que muerda?
En el petit hotel estaba mi hermana, tirada en un sillón, haciendo migas. La reté, y seguí camino. Seguía lloviendo y el techo y la ventana de mi auto estaban abiertos. La gente se reía. Llegué a una mesa donde dejé un omelette en un taper. Veo cuatro personas que lo chusmean, algunos dicen no gracias y un señor en inglés me dice: Thank you, this is a barbacue. Como yo estaba de paso, le hice el siguiente chiste: An anonimous barbacue! Y seguí camino.
El gendarme iba y venía y mientras hacía trámites burocráticos de su profesión, me dijo: Esto, mínimo, dos años. ¿Pero qué pasó? Yo le dije la verdad, que lo había comprado para mi novio y que era un regalo. Ahora que lo repito, veo lo poco creíble de mi verdad.
En algún momento que no puedo precisar con exactitud, el gendarme morocho decide abrazarme. Nos abrazamos fuerte. Yo lloraba desde hace rato. Pronto sentí su abultado sector genital presionanándome, pero no dije nada. Seguí abrazándolo, y caminamos así, abrazados, hasta un cuarto en una especie de conventillo con esas puertas de tiritas plásticas de verdulería. Ahí me dejó, como si me estuviera ayudando, escondiéndome.
Después empezó a llover torrencialmente, y encontré una terraza desde donde podía meterme en un petit hotel. Me detengo a leer el cartel de la puerta antes de violar la porpiedad privada. Decía: cuidado gato muerde. Pensé: ¿cuán terrible puede ser un gato que muerda?
En el petit hotel estaba mi hermana, tirada en un sillón, haciendo migas. La reté, y seguí camino. Seguía lloviendo y el techo y la ventana de mi auto estaban abiertos. La gente se reía. Llegué a una mesa donde dejé un omelette en un taper. Veo cuatro personas que lo chusmean, algunos dicen no gracias y un señor en inglés me dice: Thank you, this is a barbacue. Como yo estaba de paso, le hice el siguiente chiste: An anonimous barbacue! Y seguí camino.
lunes, 30 de julio de 2007
Odio
Sabés qué Alberto, estoy harta. No me mires siempre así, porque te digo, estoy harta. Pará, pará con esa camarita. ¿No aprendiste nada en el viaje al Norte que hicimos? Que si no aprendiste nada te digo, ¿No te acordás lo que dijo ese antropólogo? Que le robás el alma a la gente si seguís sacando fotos, a mí ya está, yo ya soy un caso perdido, ya tengo el alma robada. A mí ya me la robaron, me la robastes. Me la sacastes desde el primer día, me internaste acá cocinándote milanesas. Oleme. Mirá el olor que tengo en el pelo por dios, milanesas, a eso huelo. Quién me mandó a tenerte Alberto, decimelo porque lo muelo a golpes. ¿Sabés todas las cosas que me perdí por criarte? Nah, qué vas a saber vos. Pero pará un poco con esa camarita dios santo, dejala querés, me vas a enloquecer. Eso querés, ya me robaste el alma, ahora querés verme ahí en el Moyano. En el Moyano te digo, ¿no te acordás que la fuimos a visitar a la tía Celia a ese hospicio? Ahí me vas a ir a visitar, nah, qué me vas a ir a visitar vos, el día que me internes me dejás ahí tirada, total, alguna de tus noviecitas del barrio te va a succionar toda mi herencia y ni te vas acordar de mí.
Me hacés reír. ¿Sabés lo que quería ser yo Alberto? Secretaria. Sí, secretaria. Como escuchás, así, toda arregladita, con un trajecito, ordenada, con una agujereadora en la mano. Y mirame Alberto, mirame por dios, mirá lo que me hiciste ser.
Moraleja
¿Cuántas películas pueden ir a verse dos veces en una semana al cine?
Me hacés reír. ¿Sabés lo que quería ser yo Alberto? Secretaria. Sí, secretaria. Como escuchás, así, toda arregladita, con un trajecito, ordenada, con una agujereadora en la mano. Y mirame Alberto, mirame por dios, mirá lo que me hiciste ser.
Moraleja
¿Cuántas películas pueden ir a verse dos veces en una semana al cine?
domingo, 29 de julio de 2007
Audionovela
Lolita y Paco se conocieron una noche de verano en un bar.
Ella llevaba una camisa con palmeras, y ese detalle fue la excusa perfecta para empezar a hablar. Lolita era audaz, y no se dejaba seducir así como así. Paquito toreó con Lolita durante toda la noche, apelando a todos los recursos habidos y por haber para conquistar esta tía que estaba de puta madre.
Lolita sabía que esa noche estaba especialmente atractiva , se había mirado en el reflejo del bar antes de entrar, y había pensado para sí: si fuera hombre, joder, a cojer por culo.
Después de muchas propuestas indescentes, Lolita aceptó compartir un taxi con Paco hasta la rambla y caminar descalza por la playa. Paquito nunca había olvidado el capítulo de Kevin creciendo con amor, y colocó sobre los hombros de ella su campera de cuero negra. Luego rodeó con sus velludos brazos la cintura de Lolita y dijo: Joder tía, venga, no te hagais desear, bésame.
Así nació el amor, pero no duró más de esa noche.
Moraleja
Lolita llamó a Paco días después, y nunca recibió respuesta. Sin embargo, ayer Paquito dejó un mensaje en la contestadora de ella. Lolita contestó, y Paco también. Hete aquí el intercambio de mensajes al que la redacción de este blog accedió de una manera más que misteriosa:
escuchá en vivo los mensajes en http://www.francobianco.com/private/pacoylola1.m3u
bajate la secuencia para tu ipod en http://www.francobianco.com/private/pacoylola1.mp3
Ella llevaba una camisa con palmeras, y ese detalle fue la excusa perfecta para empezar a hablar. Lolita era audaz, y no se dejaba seducir así como así. Paquito toreó con Lolita durante toda la noche, apelando a todos los recursos habidos y por haber para conquistar esta tía que estaba de puta madre.
Lolita sabía que esa noche estaba especialmente atractiva , se había mirado en el reflejo del bar antes de entrar, y había pensado para sí: si fuera hombre, joder, a cojer por culo.
Después de muchas propuestas indescentes, Lolita aceptó compartir un taxi con Paco hasta la rambla y caminar descalza por la playa. Paquito nunca había olvidado el capítulo de Kevin creciendo con amor, y colocó sobre los hombros de ella su campera de cuero negra. Luego rodeó con sus velludos brazos la cintura de Lolita y dijo: Joder tía, venga, no te hagais desear, bésame.
Así nació el amor, pero no duró más de esa noche.
Moraleja
Lolita llamó a Paco días después, y nunca recibió respuesta. Sin embargo, ayer Paquito dejó un mensaje en la contestadora de ella. Lolita contestó, y Paco también. Hete aquí el intercambio de mensajes al que la redacción de este blog accedió de una manera más que misteriosa:
escuchá en vivo los mensajes en http://www.francobianco.com/private/pacoylola1.m3u
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Julián
Otra de sus grandes mentiras fue el detalle de procreación de sus abuelos: había sido en el agua. Más específicamente, en el Río de La Plata. Durante años lo creí. Creo que fue desmintiéndose solo, con el correr del tiempo.
Hoy julián es actor, y también le sigo creyendo.
Altamente recomendada
"La de Vicente López" de Julio Chávez
Sábados 21 y 23 hs, Domingos 19 hs
El camarín de las Musas - Mario Bravo 960
Moraleja
Claramente existen cenas de fin de año más freaks que las de mi familia.
sábado, 28 de julio de 2007
Las aventuras de mae
Mi amigo mae caminaba por la avenida Rivadavia, buscando un libro. Al terminar la caminata, notó que le faltaba la bufanda que le habían regalado sus padres de Tierra del Fuego(sí, tiene varios pares de padres, algunos viven con él). Caminó sobre sus pasos, registrando con su mirada el sendero realizado y rastreando baldoza por baldoza la posible presencia de su objeto faltante. Estaba bastante triste. La idea de perder la bufanda de Tierra del Fuego lo bajoneaba cada vez más. "Me quiero matar" llegó a pensar. Después concluyó que si la bufanda había caído en el trámite de estacionar el auto, podría estar en manos, mejor dicho, en el cuello del Florero de la cuadra. Sin embargo, al llegar, el Florero nada sabía de una bufanda rayada.
Mae estaba desconsolado. Al llegar a su casa, desgarrado por la idea de no frotar su nuca y su cuello en aquella suave lana de oveja, tuvo una brillante idea: comunicarse telefónicamente con la librería de la calle Rivadavia. Seguramente ellos habrían encontrado el objeto y estarían dispuestos a devolvérselo sin ningún tipo de triquiñuela ni tramoya alguna. Vamos, es una librería harto conocida, no habría problema en reconocer que se han quedado inintencionalmente con un elemento ajeno. Era seguro que habrían de devolverla.

- Hola sí... buenos días.. mi nombre es Mae, y por la tarde del día viernes extravié una bufanda rayada...
- ¿Bufanda?
- Sí.. de lana.. de Tierra del Fuego...
- ¿Rayada?
- ¡Sí! ¡si!
- Ah no... la verdad.. no tenemos ninguna bufanda rayada.
- Pero...
- Nada señor, lo lamento. Que tenga buen día.
Moreleja
Las personas se quedan con las cosas que encuentran. Vamos, a caso si encontraras $600 en la calle, ¿pondrías un cartel que diga "Encontré dinero, llámeme"?
Foto
Me río, no me reconozco, pero sé que soy yo.
No me acuerdo de ese día, ni de esa calza azul que tenía puesta. Vuelvo a mirar, sí, soy yo.
No me acuerdo qué estaba comiendo en ese momento, ni de la textura del mantel de plástico sobre el que me apoyo.
Tampoco sé en qué pensaba cuando corría desaforada en el medio de la ronda el día de mi cumpleaños.
Me olvidé cómo se sentía esa polera de algodón con flores verdes.
Me miro de nuevo, y aunque no me acuerdo nada, sé que soy yo.
miércoles, 25 de julio de 2007
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